14 agosto 2017

MI PEQUEÑA ESTRELLA

Fuente: http://www.cuentosinfantilescortos.net

Me he pensado mucho cómo escribir este post... Más que nada porque hace un par de meses daba vueltas a cómo dar la noticia de que íbamos a ser familia numerosa, y de un día para otro, todo cambió.
Cambiaron nuestros planes de vacaciones, cambiaron nuestras ideas de cara a las navidades de este año, cambiaron los pensamientos de re-organizar las habitaciones de los peques...

Habíamos estado un año más o menos dándole vueltas a si buscar ya el tercero o esperar a que los niños fueran algo más grandes. Pero teníamos claro que siempre habíamos querido tener tres hijos, así que tomamos la decisión de ponernos a buscar.
Me quedé embarazada a la primera, y la sorpresa de un nuevo test de embarazo positivo y la alegría de llevar una pequeña personita creciendo dentro de mí no pudo esperar guardada como secreto, así que lo contamos a nuestros familiares y amigos más cercanos.
Pasadas tres semanas tuve cita con el ginecólogo. Me hicieron una eco y todo iba estupendamente. Estaba de unas 7-8 semanas, el peque se estaba formando correctamente y vimos latir su corazón, enamorándome pérdidamente como me pasó con sus hermanos cuando los vi por primera vez. Me mandaron próxima cita en tres semanas para seguimiento rutinario y nos fuimos a casa felices, con nuestra ecografía en mano y con la imagen de ese corazón latiendo sin parar.

Y pasaron tres semanas más. Tres semanas de naúseas mañaneras y cansancio, pero también tres semanas más de ilusión, de pensar en nombres de niño y de niña, y de contar con el tercer peque para todos nuestros planes futuros.

Lo que menos me esperaba ese miércoles era lo que me iban a decir en la consulta del ginecólogo.

Esperé a que llegara mi marido del trabajo, dejamos a los niños con mi madre y nos fuimos. Las que sois mamás sabréis la ilusión que hace cada ecografía que os van haciendo durante todo el embarazo. No se puede describir la alegría que se siente, y esos nervios en el estómago mientras estás en la sala de espera aguardando para verle de nuevo durante unos minutos.

Cuando me tumbé en la camilla y comenzó la ecografía supe que algo no iba bien. La imagen no era nítida, se veía todo como muy extraño...y el ginecólogo no decía nada. Este médico me llevó los dos embarazos de mis hijos, así que entre unas cosas y otras hemos cogido confianza, y es una persona muy alegre siempre gastando bromas. Aquel día no, solo miraba el monitor buscando señal de vida. Hasta que me lo dijo. De su boca salió un "tengo que darte malas noticias" que me llegó al alma, y no hizo falta decir más. Había tenido un aborto retenido. El corazón de mi pequeño había dejado de latir, y allí estaba parado, de 10 semanas... 
Los minutos de después ni los recuerdo nítidamente. Recuerdo al ginecólogo mandarme tratamiento para favorecer la expulsión, recuerdo a mi marido comprando el dichoso Cytotec en la farmacia, recuerdo a mi madre y a mi suegra sin creerse lo que había pasado...y yo solo tenía ganas de llorar, de llorar y de llorar. Y es que por mucha cosa que te diga la gente con la buena intención de animarte, tu solo sientes tristeza y una sensación de vacío que no se puede explicar.

Cuando llegué a casa de mi madre abracé a mis hijos como si nunca lo hubiera hecho, y esa misma noche comencé con el tratamiento.
Los días siguientes te despiertas como si aún estuvieras embarazada, hasta que te acuerdas de que en cierto modo ya no es así, y que tu pequeño está dentro de tí pero no vive... Y vuelves a llorar porque no te explicas qué ha ido mal, y las explicaciones de que ha sido un posible fallo cromosomático te la traen al pairo. Tu quieres a tu bebé, el que iba a nacer para las navidades, el que iba a ser el mejor regalo que los Reyes Magos te habrían traído nunca, el que aún llevas dentro.

Pasó una semana en la que no hubo sangrado ninguno, y en la que tuve cita de nuevo con el ginecólogo. De nuevo me mandó tres días más de tratamiento y si no había expulsión cita para legrado. Esos tres días el famoso Cytotec hizo de las suyas en mí, y fueron tres días de vómitos y cólico tan fuertes que solo aguantaba pasar los días acostada. El día del legrado no podía más, e ingresé directamente con sueros de hidratación y primperan para cortar los vómitos.
Cuando me recuperé me practicaron el legrado. Es curioso como te habla todo el equipo médico cuando el motivo de tu operación es éste. En el ambiente se mezclaba cierto aire de ternura y positivismo que se agradecía bastante, aunque no era suficiente para mi estado de nervios. Ya en quirófano, recuerdo que antes de ponerme la mascarilla para la sedación me dijeron "ahora te vas a dormir un rato, ¿en qué vas a pensar para soñar algo bonito?". "En mis hijos", les dije emocionada. Y a la segunda inhalación me quedé dormida. 

La recuperación y las semanas de después pasaron bastante bien en general. Según van pasando los días, tu misma vas haciéndote un poco más fuerte, porque miras a tus hijos, y por ellos sacas lo mejor de tí, aunque eso no hace que te olvides de esa pequeña estrella que dejaste brillando en el cielo. Y cada vez que ves a una embarazada, piensas que si todo hubiera ido bien, tu estarías así ahora... Y vuelves a la realidad, y te vuelves a poner triste. Y así cada día... hasta que lo haces parte de tí. Y miras al cielo y te emocionas, porque aunque aún no sabías si era niño o niña, ni a quien se iba a parecer, tu le querías tanto que siempre te va a doler que esté allí arriba y no en tus brazos.


A las tres semanas me dijeron que habían analizado los restos del legrado y que tenía que volver a la consulta del médico. Me diagnosticaron haber sufrido un embarazo molar parcial. 
(Os contaré un poco más de esto en otro post, que seguramente este término os suene a chino, y no quiero alargar más éste...).


A los que me seguís y leéis, mil gracias como siempre.
A las que habéis pasado por algo así, de verdad que muchos ánimos y a intentar ver el lado bonito de la vida bajo el brillo de vuestra estrella en el cielo. 
A mi marido, GRACIAS GRACIAS Y GRACIAS por acompañarme en todo momento, por ser mi otra mitad y por estar ahí siempre.
A mis hijos, gracias por vuestra paciencia durante este tiempo, por portaros tan bien, por quererme tanto y por sacarme siempre una sonrisa.

Y a mi estrella...gracias mi amor. Gracias por hacerme sentir única durante diez semanas, gracias por ilusionarme y por sentir tu magia dentro de mí. Y sobre todo, gracias por dejarme ser tu mamá.


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