17 enero 2014

El gran día de mi vida

¿Qué mejor manera para inaugurar mi vuelta al blog que contando mi experiencia cuando mi duende decidió venir al mundo?
Solo hace dos meses y medio y lo recuerdo como si hubiera pasado más tiempo. Estaba en la semana 39 y la noche después de haber ido al ginecólogo para una de las últimas revisiones, a eso de las 4.30h de la madrugada, por fin llegó el momento.

Comencé a sentir un dolorcillo en la parte de los riñones que me despertó por completo, y al ver que se repetía, decidí ir apuntando el ritmo de los dolores... Y cuando al papá le sonó el despertador para ir a trabajar, ahí me tenía a mi, más de dos horas contando contracciones cada 10 minutos con los ojos abiertos como platos.
Decidimos esperar un poco más para ir al hospital, él llamó al trabajo para decir que probablemente estaba de parto y a eso de las 8.30h nos fuimos preparados y cargados de canastilla...pero cuando me vio el médico me dijo que aunque estaba "a punto de caramelo" aún me faltaba, así que me mandó a pasear (literalmente) y me dijo que volviera cuando llevara una hora mínimo de contracciones cada 5 minutos. 

Y  fue salir del hospital, y comenzar con las contracciones cada 5 minutos, que además se iban haciendo cada vez mas fuertes. Aún así, como personas obedientes que somos, nos fuimos para casa y paseamos por la urbanización hasta que ya no pude más y me tiré en el sofá a aguantar dolores mientras el papá apuntaba la hora de las contracciones. Y como soy así de extrema, a pesar de la insistencia de mi costi, no permití ir al hospital hasta  las 15.00h de la tarde, que ya llevaba varias horas con contracciones cada 4 y 5 minutos (más que nada para estar segura de que era parto y me quedaba allí ingresada, que me daba mucha pereza tener que volver).

Cuando llegamos y me reconoció el médico, rompí aguas, y ahí sí que comenzó todo. Entré en dilatación cargada de nervios, alegría, dolores y...mucha vergüencilla de verme ahí prácticamente desnuda con todo el mundo viniendo cada hora a reconocerme para saber cuánto había dilatado, y teniendo que reprimir mis ganas de pegarles una patada en la cara del daño que me hacían cada vez que me exploraban. A ello se sumó mi compañera loca de dilatación, que gritaba como si le estuvieran sacando los ojos y arrancando las uñas a la vez, y me desconcentraba de las respiraciones zen que tanto había ensayado en las clases de preparación al parto (a ella también me dieron ganas de pegarle)... Pero esa vergüenza y esa necesidad de violencia máxima acabaron con la maravillosa epidural, que me metió en un mundo de adormecimiento tan grande, que hasta pegué alguna cabezada (la recomiendo 100%). 

Y cuando ya todos nuestros familiares estaban agotados de esperar...a las 2.45h de la madrugada me pasaron a paritorio. Tengo que decir que en el hospital crearon un ambiente tan tan bonito que parecía de película: una matrona me puso un espejo grande justo en frente de mi para que viera como el bebé iba saliendo según empujaba, y cuando la cabeza y los hombros estaban fuera, fui yo la que lo sacó del todo.

A las 3.04h nació mi pequeño Javier, haciendo los pucheros más bonitos que he visto en mi vida, y justo en ese momento, las 23 horas con dolores de parto, los nueve meses de espera, esa incertidumbre de cómo irá todo...quedaron atrás para dar paso a la sensación más maravillosa de mi vida: ser madre.



3 comentarios:

  1. Ale, ya me has hecho llorar de emocion. Otro mes que no cobras!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si es que te tengo que querer,marido molesto!! XD

      Eliminar
  2. precioso! es un momento único que recordaras para siempre! Juan ya tiene casi 5 años y parece que fue ayer!

    besitos reina!

    ResponderEliminar